Cada Camino es distinto, ni el tiempo en el que trancurre ni la persona en si son los mismos. Aún así, llegando o abandonando, la experiencia siempre es enriquecedora. El Camino tiene la virtud de romper todos los esquemas preconcebidos dándonos la vuelta y volviéndonos a recomponer. Si quieres ver como me ha marcado a mí, sólo tienes que clicar en cada pestaña, espero que el viaje te resulte tan enriquecedor como ha sido para mí. ¡Buen Camino!
"El Señor dijo a Abraham: Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré" Gn 12,1

domingo, 31 de enero de 2016

UN CAMINO...DIFERENTE, EPÍLOGO

(click en la imagen para ir al prólogo)


El tiempo es el único que pone las cosas en su sitio. Hace ya cinco  meses desde que volvimos a casa y desde entonces, todo se ha colocado donde tiene que estar, más o menos: el cuerpo y el ánimo.

El sentimiento de derrota dio paso al de resignación. El hecho de llegar a Santiago, aunque fuera en coche, fue un bálsamo para el espíritu, dándome la oportunidad de replantearme qué es hacer el Camino.

Marché buscando soluciones... y encontré respuestas. Respuestas incluso a interrogantes no planteadas. Dicen que del Camino uno no vuelve nunca vacío, y es cierto. Aprendí que, a veces, querer no es poder; el entusiasmo no es suficiente para enfrentar tu cuerpo a un esfuerzo que sobrepasa los límites habituales, a no ser que seas joven; el Camino necesita un entrenamiento físico previo. Aprendí que el factor suerte existe, y que puedes caer enfermo sin previo aviso. Redescubrí el poder del Camino de vaciarte de ti misma, darte la vuelta y volverte a llenar de algo que te acompañará toda tu vida.

De nuevo, tuve mi personal encuentro con ese Dios en el que confío, aunque esta vez tuvo que soportar a una peregrina quejica y llorona, con momentos de rabia y de impotencia pero también de agradecimiento pleno.

Entendí el por qué de los peregrinos que planifican su viaje por temporadas, incluso años,  sin la necesidad imperiosa de llegar a Compostela de una atacada. El Camino no es llegar, es IR YENDO.  Y en ese devaneo, el encuentro con uno mismo, con Dios y con los demás. De los tres, esta vez no he podido disfrutar del último. Espero hacerlo la próxima.

También aprendí que la motivación es algo personal y que no podemos arrastrar a los demás con nuestro entusiasmo sino invitarlos a compartirlo y en ese ir, respetar sus tiempos y sus ritmos.

Cinco meses más tarde, con un saldo de seis uñas perdidas, bastantes lágrimas y una visita a Urgencias, puedo afirmar que este Camino no ha sido un fracaso, ha sido un Camino...DIFERENTE, con muchas lecturas, todas positivas. Y tengo la certeza  de que volveré a calzarme mis botas, volveré a agarrar mi bordón y emprenderé de nuevo la marcha para dejarme traspasar por tan sencillo milagro, para dejarme abandonar a lo que vaya surgiendo, sin prisas y en libertad.



domingo, 23 de agosto de 2015

CUARTA ETAPA: Melide - Santiago de Compostela (43,2 km. en coche)










¡Amaneció lloviendo ¡Y con trece grados! ¡Qué frío!  Hoy ha sido un día grande y muy emotivo, día del Señor.  Salimos tempranito para llegar a tiempo a la Catedral, casi una hora en marcha hasta Santiago. Y en el camino nos encontramos con otros peregrinos que culminaban su peregrinación a pie, con sus capas de lluvia y mi remordimiento por hacer "trampa" se hizo un poco presente.

Una vez en la ciudad, emprendimos a pie los últimos metros hasta llegar a la Plaza del Obradoiro y el sonido de la gaita nos saludó al pasar por el arco que da acceso a la plaza. ¡Cuántas veces imaginé este momento, entrando a pie, agotada, con mi mochila a cuestas y mi bastón marcando el paso! Emoción muy intensa, emoción del alma y lágrimas, muchas lágrimas de agradecimiento. Todo estaba tal y como lo vimos la primera vez, salvo los andamios de la fachada de la Catedral que afean un poco pero que nos otorgan la premisa de poder admirar más adelante la gran belleza del edificio.

La puerta de la fachada principal estaba cerrada así que accedimos al interior por la Plaza de las Platerías y nos sentamos justo al lado del Altar Mayor, esperando para celebrar la Misa del Peregrino. El templo se llenó al completo: peregrinos, turistas,...La misa, concelebrada, esplendida. Compartir el Padre nuestro en varios idiomas, emocionante, ¡esa sensación de hermandad...! Y poder presenciar el vuelo del botafumeiro en primera línea, escalofriante.



Tras finalizar la Misa, nuestro abrazo al Apóstol, el mío, como siempre, con encargo, de esos que hay que despegar con espátula. ¡Tanto que pedir, tanto que agradecer! No se trata de abrazar una imagen sin más, el gesto va más allá del hecho, con un profundidad que sólo un creyente puede entender. Después visitamos la cripta. Fuera, la lluvia empezó a arreciar, con tormenta incluso, así que decidimos quedarnos dentro de la catedral hasta que amainara.

Pasado un buen rato, visto que aquello no aflojaba, decidimos comprar unos chubasqueros o algo para la lluvia, así que saliendo por la Plaza de la Azabachería, nos compramos nuestro primer souvenir: dos hermosos paraguas. Y corrimos a resguardarnos bajo los soportales del Ayuntamiento, frente a la fachada principal de la Catedral. La Plaza del Obradoiro se veía vacía salvo algún peregrino que pasaba corriendo bajo la cortina de agua. Ahora llegó el tiempo de ser turista, de callejear en la medida de lo posible, de saborear, de deleitar los sentidos, de dejarse impregnar por el ambiente de esta ciudad tan hermosa.  Pasear por Santiago es un inmenso placer, aunque sea con lluvia, o tal vez la lluvia sea parte intrínseca de esa belleza.



Catedral de Santiago de Compostela, Puerta Santa


Y llegó el tiempo de retornar, de despedirse, de decir ¡hasta pronto!, de desear coronar la ruta al estilo peregrino, con éxito, sin contratiempos.  Ahora tocaba volver a casa, recuperar fuerzas y salud, y meditar sobre todo lo ocurrido.

REFLEXIÓN PERSONAL:

¿Cuántas veces uno imagina sucesos venideros y le pone caras y situaciones que luego no se dan? La vida es así de impredecible. Del dicho al hecho hay más que un simple trecho, a veces, incluso, un abismo. La suerte, el destino,... que sé yo, de lo soñado a lo que realmente acontece, suele parecerse lo que el blanco al negro. Imaginé una entranda triunfante, agotadora y emotiva. Bueno, al menos, conseguí una de tres. Y, sin embargo, doy gracias por estar aquí, por contemplar de nuevo tanta belleza. Cierto sabor amargo me acompaña pero tengo, no sólo la esperanza, sino la certeza de que volveré. He comprobado en carne propia que cada Camino es diferente, yo no soy la misma peregrina de hace dos años y mis circunstancias, tampoco pero la esencia sigue estando ahí, lo mismo que el deseo de volver. Regreso a casa con mi "mochila" renovada para bien.


(Siguiente etapa)



sábado, 22 de agosto de 2015

TERCERA ETAPA: Sarria - Melide (58,2 km. en coche)



Rio Sarria a su paso por Samos

CRÓNICA DE LA ETAPA:

Día agridulce el de hoy. Amanecimos mal, con el ánimo por los suelos a pesar de la decisión de llegar a Santiago. Y el tiempo quiso hacerse partícipe de nuestro sentimiento, la temperatura había bajado un montón y la previsión era de lluvia para la tarde. Físicamente, igual. Mi dedo dijo "aquí estoy yo" y parezco una guiri con sandalias y calcetines. Como el autobús de vuelta a Piedrafita, donde habíamos dejado el coche, no salía hasta media tarde, hemos pasado toda la mañana sentados en un parque junto a la Iglesia de Santa Marina, porque tampoco teníamos ánimo para hacer algo de turismo. En el albergue había que desalojar a las 8:30, aún así, nos dejaron guardar las mochilas sin ningún problema.

Llegada la hora, fuimos a recogerlas y Álvaro, el hospitalero, cariñosamente nos regañó por no haber compartido licores junto a la chimenea la noche anterior. Decía que no nos iban a dar la Compostela por eso.  Le explicamos los motivos de nuestra marcha y nos deseó un buen retorno. Ya en la estación de autobuses, nos montamos en el microbús que nos llevaría a Piedrafita y nos pusimos en marcha.  A medio viaje, el bus hizo una parada en uno de los pueblos para que se bajaran algunos pasajeros y cuál fue mi sorpresa al retirar la cortina de la ventanilla y encontrarme frente a frente con la pared del Monasterio de Samos. ¡Qué emoción más intensa! Al final lo iba a ver aunque fuera por unos minutos, y en esos pensamientos estaba cuando mi marido me dijo: "No te preocupes, ahora de vuelta a Melide, paramos y lo visitamos". El ánimo empezó a cambiar, así, como una brisilla agradable en el corazón. 

Así que nos bajamos en Piedrafita, almorzamos y recogimos nuestro coche poniendo rumbo a Melide, ¡pasando por Samos! Dicen que cada camino tiene su lugar mágico, ése que te transmite un sentimiento único y especial.  En nuestro primer camino, el portugués, fue Pontesampaio. En este camino ha sido Samos, no sólo el Monasterio en sí, que es impresionante sino también el río Sarria a su paso por el lugar, con su Capilla del Salvador o del ciprés (debido al enorme árbol de esta especie que se encuentra casi adosado a sus muros, con más de mil años de antigüedad). La paz que te transmite el lugar es tan intensa, se puede sentir a Dios tan cerca.

Capilla del Salvador, s. IX (Samos)

El Monasterio es colosal, impresionante, con dos claustros espectaculares, uno de ellos, el más grande de España. El lugar ideal para retirarse del mundanal ruído y abandonarse a lo que Dios te quiere decir y simplemente... escuchar.

La visita, perfecta, excelentemente explicada por la guía. El toque en contraste, una boda "cuquifashion" en el templo que no nos dejó verlo en condiciones (aunque tal vez, los novios pensaron lo mismo de nosotros).




Con el ánimo bastante recompuesto, retomamos nuestro viaje hasta Melide para descasar cuerpo y espíritu. Nos alojamos en el Hotel Carlos 96, que recomiendo cien por cien, por calidad, servicio y precio. Nos quedaba otra sorpresa muy agradable para terminar el día: cenar  un riquísimo pulpo a la gallega en la Pulpería Ezequiel, parada obligada del buen peregrino, acompañado de un ribeiro bien fresquito y compartir ambiente peregrino aunque fuera "de cascarilla".

REFLEXIÓN PERSONAL:

Mi primer Camino fue un aluvión constante de impresiones, de reflexiones personales. Éste es, tal vez, más escueto pero igual de intenso, supongo que por los derroteros que tomó esta singladura. Mis pensamientos no son tan eufóricos pero sí más nítidos y descarnados, sin la efusividad de la primera vez.

Hoy me quedo con el sentimiento de esperanza, de que lo malo no es para siempre; de la pasión hecha forma de vida o el sentido de ser hospitalero; del significado de la familia y de los amigos, los de verdad.

Hoy me quedo con el silencio de una pequeña ermita, con el murmullo del río, con la serenidad de un claustro ajardinado. Mañana, Santiago.



viernes, 21 de agosto de 2015

SEGUNDA ETAPA: Triascastela - Sarria, por San Xil (18km.)

Por San Xil


CRÓNICA DE LA ETAPA:

Segundo día de camino y fin de nuestro peregrinar a pie. Los cuerpos no consiguen recuperarse ni tras una ducha y una siesta.  Al contrario, las molestias digestivas van en aumento y ni siquiera la medicación merma el malestar; el dedo pulgar de mi pie derecho no parece dedo humano y no puedo ni calzarme la bota. Así que con todo el dolor de nuestro corazón y muchas lágrimas decidimos posponer esta singladura para más adelante y desde este mismo punto.

Y eso que el día comenzó con ganas.  La molestia del dedo era soportable y decidimos seguir por San Xil, para ahorrarnos esos seis kilómetros de más, o lo que es lo mismo, una hora y media a nuestro paso. Todavía me pregunto si la decisión fue correcta porque hemos tenido que subir un montón de tiempo entre corredoiras. El paisaje, precioso pero el cuerpo no quería responder al esfuerzo. Por Samos hubiera sido todo bajada suave, a pesar de los kilómetros extras.

Casi nunca hemos ido solos, nos cruzamos una y otra vez con el resto de peregrinos,  a veces uno solo, otras, dos o en grupo.  Hay mucho peregrino italiano y el ambiente es muy bueno. La temperatura ha bajado y el trayecto ha discurrido mayormente entre sol y sombras, lo cual es un alivio.

Los últimos kilómetros, los más duros. Por pista de tierra paralela a la carretera que lleva a Sarria y el sol de medio día haciéndose notar. Rematando la faena, para acceder al casco antiguo de Sarria, nos esperaba la Escalinata Mayor, que da paso a la calle del mismo nombre, donde se encuentran la mayor parte de los albergues. Y al final de la misma calle, el albergue, Casa Don Álvaro, casona antigua con mucho encanto, suelos hidráulicos y múltiples servicios. La primera planta está destinada a albergue y parece que los hospitaleros viven arriba. Al llegar nos atendió Mónica, la hospitalera, que nos enseñó las instalaciones: dormitorio (con dos literas y baño propio, ¡una extra!), cocina, cuarto de lavadoras y secadora, pila de lavar, comedor, patio (con un estanque para masaje de pies), una terraza-solarium y otra para tender la ropa,  y lo mejor, salón con chimenea donde nos invitaron a compartir al calor del fuego, chupitos de licores y experiencias peregrinas.

Siguiendo la rutina de cada día, nos duchamos, comimos y descansamos. Y llegó el momento de decidir qué hacer. Y la decisión ha sido volver a casa. Decisión dura y triste ya que el cincuenta por ciento del grupo puede seguir pero el otro cincuenta estamos para el arrastre. Y eso que sopesamos todas las alternativas, incluso la posibilidad de contratar el servicio de taxi-mochila para la etapa Palas de Rei-Arzúa.

Sin embargo, a veces, las cosas toman giros imprevistos.  Este camino, siendo andado físicamente por cuatro también lo era con el corazón por algunos más y a 900 km. de distancia. Y esos peregrinos del corazón nos aconsejaron no terminar aquí sino continuar hasta Santiago aunque fuera en coche, para poder abrazar al Apóstol en nombre de todos ("Si no podéis andar id en coche...Id a saludar al Santo. Esto es propio del Camino también"). Y les hicimos caso, y tras mucho buscar, encontramos alojamiento en Melide para poder terminar este camino... de un modo diferente.

Sarria

Vista de Sarria desde el mirador


REFLEXIÓN PERSONAL:

Teniendo en memoria la experiencia de otros peregrinos, nunca pensé que un dedo fuera el causante de mi imposibilidad de seguir caminando, tal vez una torcedura o una tendinitis... Aún con todo el pesimismo instalado en nuestro ánimo, las ganas de culminar con éxito esta singladura por esta ruta sigue presente para más adelante. Simplemente ha sido mala suerte.

Tal vez, si hubiéramos vuelto a casa sin más, la sensación de derrota hubiera sido mayor. Peeeeeero... yo siempre digo que los ángeles existen, y que no siempre están en el cielo; algunos se desmarcan y conviven con nosotros, en forma humana, y nos cuidan y nos animan cuando estamos en horas bajas. Tenemos la suerte de conocer a unos pocos y son un regalo que Dios nos hizo.





jueves, 20 de agosto de 2015

PRIMERA ETAPA: Laguna de Castilla-Triacastela (24 km.)


Primer hito de este camino







CRÓNICA DE LA ETAPA:

Etapa dura la de hoy, muy dura, de intensa subida y peor bajada. Seis horas y media interminables.  Al final, conseguimos llegar al albergue, A Horta de Abel, donde compartimos habitación con un grupo de cinco jóvenes. El albergue tiene mucho encanto y resulta acogedor. Las hospitaleras son realmente muy amables y atentas.
Vistas desde O Cebreiro


Primer día de camino y los ánimos por los suelos. Inexplicable. A ver cómo amanecemos mañana. Si seguimos, acortamos ruta, muy a pesar mío, por San Xil, ya visitaremos Samos en otra ocasión, aunque sea en coche, pero esos seis kilómetros de más son para pensárselo tal y como se ve mi pie. Si no podemos seguir, con todo nuestro dolor, volvemos a casa.  El Camino supone un gran esfuerzo pero no creo que el Apóstol quiera que sea a costa de nuestra salud.

Y eso que empezamos muy contentos, aunque desde ayer me acompaña una molestia en la zona abdominal que no desaparece. No es constante ni fuerte, pero está ahí. 




Entrando en Galicia
No sé que se sentirá al subir toda la cuesta del Cebreiro pero los dos últimos kilómetros ofrecen un regalo para la vista.  El paisaje es francamente hermoso. He cumplido el deseo de inmortalizar el momento en el que dejábamos Castilla-León y entrábamos en Galicia. O Cebreiro estaba tranquilo y no tenía la seguridad de si el resto de peregrinos ya nos habían cogido delantera o al contrario.  Bastante fresco, más bien, frío; esta vez, las sudaderas han hecho falta desde el primer momento y mi buff con flechas amarillas ya ha tenido su estreno.


Pasando por delante del albergue, salimos de O Cebreiro y por pista forestal llegamos hasta Liñares donde desayunamos, luego un pequeño repecho, paralelo a la carretera, por donde suben los bicigrinos, para llegar al Alto de San Roque; otro pequeño sueño logrado.



Alto de San Roque

Seguimos hasta Hospital da Condesa, con su pequeña parroquia y seguimos andando en acenso.


Parroquia de San Juan (Hospital da Condesa)

Y partir de aquí empezó una especie de calvario inexplicable que todavía no entiendo: la subida al Alto del Poio. El tramo en sí no es largo pero es tremendo. Es subir monte, literalmente. Si lo llego a saber, hago trampa y sigo por la carretera, pero el amor propio me pudo y durante unos metros tuve que dejar que me llevaran la mochila. Llegué exhausta a lo alto pero nos tomamos un refresco y recobramos aliento en uno de los bares que hay al efecto.

Lo peor estaba por llegar, y no por la dureza sino por el extremo calor que ya hacía y por lo que aconteció un poco más tarde.  Seguimos llaneando unos dos kilómetros y luego empezamos un ascenso moderado por la ladera de un monte.  Al llegar a lo alto ya sólo quedaba descender pero la bajada era de aupa, de 1300 metros a 700 en unos doce kilómetros. Ya de por sí, las rodillas sufren un montón en este tipo de bajada, más aún cuando ya llevas unas cuatro horas andando y con la mochila a cuestas. Dando un paso, de pronto, sentí un tironazo fuerte en el dedo del pie y un intenso escozor y así terminé hasta llegar a Triacastela.  Una bajada eterna a la que no veíamos fin.  Uno de mis hijos también acusó bastante el esfuerzo y llegamos exhaustos.

Tras una ducha reponedora y un ligero almuerzo, una siesta para reponer fuerzas.  Y estábamos tan cansados que se nos hizo tarde para asistir a misa, que era a las seis de la tarde; de todas formas nos llegamos a la parroquia para visitarla, sellar las credenciales y rezar un rato para pedir fuerzas.  La iglesia es francamente muy bonita, con el cementerio rodeándola.  Después, una vuelta para comprar algo de cena y al albergue a seguir descansando.


Iglesia de Santiago (Triacastela)
REFLEXIÓN PERSONAL:

El Camino nos regala momentos de diálogo, otras veces, de silencio para escuchar pero... a veces se dan momentos estériles, vacíos, en los que nos dejamos llevar por nuestro desánimo, falta de fuerzas o molestias físicas. Hoy ha sido un día con mucho momento estéril y no deja de asombrarme, y mucho.  Cierto que las molestias digestivas se han acentuado y mi dedo pulgar tiene un aspecto más bien siniestro, no puedo ni tocarlo. Tanto tiempo soñando con este momento y estamos con un bajón del copón.

Aún así, extraigo varios pensamientos positivos: el contacto con otros peregrinos en un regalo de Dios. La pareja de hermanos con quienes compartimos habitación la pasada noche también se encuentran hoy en el mismo albergue, así como un matrimonio mayor del País Vasco. El Camino establece vínculos de amistad muy rápidos y que permanecen en el tiempo.

Hace dos años, una peregrina me dijo que el Camino era una metáfora de la vida. Este pensamiento, unido a la visión de los camposantos alrededor de las iglesias, costumbre heredada de los celtas, me hace pensar que son algo así como un recordatorio de que aquí sólo estamos de paso, que la vida no es sino un camino que tiene su punto de destino. Por ello,  no debemos temer a la muerte, ya que es connatural a la propia vida. Y es lo único seguro que tenemos.



Siguiente etapa

miércoles, 19 de agosto de 2015

PREETAPA INICIAL: Málaga-Laguna de Castilla (960 km. aprox.)

CRÓNICA DE LA ETAPA:

El viaje al punto de partida ha sido agotador, como la primera vez. ¡Lo que daría porque existiese la teletransportación según qué momentos! Carretera excelente, autovía en su mayor parte pero tediosa a más no poder y el cuerpo lo acusa.

La llegada al albergue, de nuevo, peculiar. Esta vez ha sido más... rústico. Laguna de Castilla es un lugar chiquito, rural, muy rural, tanto que hemos tenido que cederle el paso  a las vacas. Y a eso huele, a vaca. El albergue está limpio y los hospitaleros son amables...y con ese precioso  acento gallego,  y eso que es el último lugar habitado perteneciente a Castilla-León, pero estamos a tan sólo dos kilómetros de Galicia. Hay mucho peregrino italiano, y en bici.Compartimos habitación con una pareja de hermanos de Barcelona y dos chicas italianas.

Palloza

Hemos visitado O Cebreiro, que es realmente precioso, muy pintoresco, situado a 1.300 metros sobre el nivel del mar, todo construido en piedra, con sus típicas pallozas, de planta circular y techos de paja, casas donde convivían personas y ganado. Hay mucho ambiente peregrino, lo que me resulta extraño porque lo que realmente le iría bien es ver aparecer a Obélix corriendo tras Idéfix. 





Iglesia de Santa María la Real
Hemos celebrado misa en la iglesia, Santa María la Real, del s. IX, prerrománica. Preciosa la talla en madera de la Virgen de los Remedios, hermoso también el cáliz al que se le atribuye el milagro de convertirse la Hostia en carne y el vino en sangre ante la poca fe del clérigo que oficiaba, allá por el s. XII. Digno de admirar el Evangelio del día, expuesto en todos los idiomas.  Me ha asombrado la cantidad de peregrinos que han asistido a misa. En nuestro primer camino éramos apenas cinco personas y hoy la capilla estaba llena. Una peregrina italiana ha leído la primera lectura, un peregrino francés, el salmo y yo, las peticiones.


Cáliz milagroso (s.XII)
Virgen de los Remedios (talla en madera s. XII)
Evangelio del día en todos los idiomas

REFLEXIÓN PERSONAL:

Vislumbro este camino diferente al anterior. Aún estando en tierras gallegas, el aire huele diferente y el paisaje es algo distinto.  La causa seguramente será porque estamos en el interior y hace dos años, nuestra singladura transcurrió cerquita de la costa. 

El ambiente peregrino también es distinto, ¡somos muchos! y ante mi asombro y alegría... creyentes, o al menos, celebramos más de cinco en misa.  Vuelvo a preguntarme qué es lo que empuja a tantas personas a ponerse a caminar tantísimos kilómetros; se ve que la mayoría llevan ya varias etapas hechas. Y peregrinar no es fácil, es una tarea dura, de mente y de cuerpo. Es una LUCHA EXTERIOR ante los elementos: sol, calor, frío, lluvia, viento, asfalto, rampas difíciles de subir o bajar..., es una LUCHA INTERIOR ante uno mismo: los fantasmas personales que revolotean alrededor que nos tientan a abandonar la tarea,...

Tal vez esta lucha personal que cada peregrino elige voluntaria y libremente no es sino esa necesidad del hombre de encontrar respuestas; unos las buscan en su entidad como ser humano y otros, entre los que me incluyo, las buscamos en algo superior a nosotros, que llamamos Dios.




Siguiente etapa

martes, 18 de agosto de 2015

EL CAMINO DE VUELTA 2015 Prólogo

Tras dos años de espera, este diario vuelve a abrirse y, casualidades de la vida, lo hace exactamente en la misma fecha.  Buenos augurios.

Mis mochilas vuelven a estar listas, la material más ligera que la vez anterior. La personal, se volvió a llenar en estos dos años de cosas innecesarias y hay que ir a soltarlas por los senderos para volver, de nuevo, a aligerar peso del alma.

Esta vez, la ruta es distinta aunque presiento igual de hermosa. Los pasos que me acompañan siguen siendo los mismos pasos amados, aún así, llevo conmigo la pena por otros pasos cercanos y compañeros que no han podido unirse a nosotros esta vez, pero a los que llevo conmigo a pesar de la distancia porque parte de su corazón va con nosotros.

Las ganas, mayores que la primera vez. Los nervios, más o menos; es inevitable el revoloteo de mariposas en mi interior pero la incertidumbre es distinta.

Ahora sí.  Llegó el tiempo de soltar y de recoger; llegó el tiempo de pedir, de dar, de agradecer; llegó el tiempo de buscar y de encontrar; llegó el tiempo de hablar y de escuchar; llegó el tiempo del silencio y de dejarse hacer; llegó el tiempo de morir y de renacer. Estamos dispuestos, así que ¡ultreia!¡esuseia!


Siguiente etapa


martes, 24 de septiembre de 2013

EL CAMINO... DE VUELTA. EPÍLOGO



(Para ir al prólogo, clicar encima de la foto)


¿Cuántas motivaciones hacen posible el Camino? Tantas como peregrinos.  He visto gente que se lo toma como una especie de marathon, haciendo el camino de noche y con la única expectativa de encontrar plaza en el albergue de la siguiente etapa.  También los hay amantes del senderismo; desde luego que el paisaje se lo merece pero hay alternativas mejores para ese fin.  Y, sobre todo, ¡qué bonito es hacer el Camino desde la fe! Así, como al principio, hace ya once siglos.  

Fe, esa palabra tan sencilla que muchos entienden como ceguera pero que los creyentes entendemos como confianza.  Confianza en un Dios que nos ama y que para nada es inalcanzable porque está en nuestro interior.

El Camino poco a poco va descubriendo ese interior, en el día a día, en la cuesta empinada imposible de subir, en el asfalto duro machacado por el sol o en la umbría fresca del bosque.  Realidades siempre presentes pero ocultas a nuestros ojos por el devenir estresante de nuestras vidas: diálogo, fuerza, humildad, fraternidad, empatía, perseverancia, confianza, gratitud, honestidad.

El Camino, como metáfora intensa de nuestras vidas:  Cuando los problemas nos ahogan y pensamos que no somos capaces de superarlos, cuando todo se nos vuelve tan fácil que obviamente perdemos el rumbo, cuando vivimos días de calma chicha sin motivación alguna... Un resumen de la vida, esta vez, en seis etapas.  Aunque en el Camino, el tiempo es relativo, tal vez lo único que se tiene en cuenta es la hora de empezar a caminar pero luego se relativiza de tal forma que no existen días de la semana, ni horas de llegada o de comidas.  El continuo espacio-tiempo también adquiere otro sentido, humildemente tomas consciencia de que sigues  los pasos de otros muchos que ya caminaron antes que tú y que otros, en el futuro, seguirán los tuyos.




El Camino hay que vivirlo, hay que experimentarlo con los cinco sentidos, en plenitud, hay que verlo, oírlo, olerlo, tocarlo, palparlo, recordarlo. Así, yo me quedo con el paisaje verde de Galicia, con las piedras de sus casas, con la belleza de Santiago y de todos los lugares por donde hemos pasado, con las conchas y flechas, con los cruceiros y hórreos. 






Me quedo con el sonido de nuestros pasos, del bastón al tocar el suelo, de los pájaros, ovejas y gallinas, pero también con los ronquidos en la noche.  Me quedo con el aroma del bosque, con el incienso del Botafumeiro, pero también con el gel para las articulaciones y el olor a pies.  Me quedo con el roce de las zarzas en mis piernas, con el húmedo masaje de las toallas de microfibra pero sobre todo con el abrazo sentido al Apóstol. Me quedo con el pulpo a feira, con los pimientos de Padrón, con el nestea y el acuarius, con el pan de cada Eucaristía pero también con la hiel amarga en los tramos más duros.  Me quedo con lo que creía antes, con lo que sé ahora, con los nombres de los pueblos: Mos, Pontesampaio, Alba, O Cruceiro, Pontecesures, Iria Flavia...; con los nombres de otros peregrinos: Mari Carmen, Borja, Gabi, Maribel,..., con el rezo del rosario, con el arte de guardar un saco de dormir.  Mi mapa de recuerdos se ha hecho más grande y, sobre todo, más bello.



He vivido un camino personal, un camino interior pero, sobre todo, he vivido un camino de vuelta. La de títulos que pensé para este diario compartido y, un día, de pronto, surgió éste: el camino de vuelta. Sencillo título para una verdad aún más sencilla: el deseo de regresar al ser humano que Dios quiere que yo sea.  ¿Quién me iba a decir que una semana más tarde, en la Misa del Peregrino, el deán de la Catedral, en su bendición final, iba a pronunciar las mismas palabras? ¡El Camino no ha terminado!, la vuelta a casa es sólo una etapa más de las que quedan por vivir. ¿Casualidad?  Más bien, la presencia invisible de Dios en nuestras decisiones.

Por eso digo que el Camino es como el buen restaurador, que va despojando a la obra de arte de las capas de suciedad que el tiempo ha ido depositando en ella, y que no dejan ver la belleza original de la pieza. 
Si el Camino fuera lluvia, no sería una tormenta sino un sirimiri, que poco a poco va calando dentro.  Si fuera una carrera, no sería un spring sino una carrera de fondo que poco a poco va alcanzando la meta.  Si fuera un medicamento, sería un antibiótico, con la primera dosis sientes ya mejoría pero sigue sanando aún cuando has acabado el tratamiento.

Dicen que el Camino engancha, yo creo que, realmente, es Cristo quien engancha.  Ya lo hizo hace dos mil años con dos parejas de hermanos que recogían las redes de sus barcas.  Y les prometió que los haría pescadores de hombres.  Se llamaban Pedro, Andrés, Juan y Santiago.  Hoy en día, a nosotros también nos hace la misma promesa, ¿cómo resistirse a tan hermoso regalo?  Desde mi humilde condición de madre, lo acepto, por eso compartí este peregrinar con mis hijos, ¿qué mejor legado puedo dejarles sino la fe?


Tantas veces que soñé hacer el Camino, tantas las que dije que la primera vez que entrara en Santiago sería andando y ahora ya es una realidad.   Este diario toca a su fin, por ahora.  Espero que pronto vuelva a abrirse, en otros Caminos, con otras credenciales, con la misma compañía o con otras nuevas; siempre con ilusión, siempre con esperanza, siempre con confianza.  Como se decía al principio, como se dice todavía: ¡Ultreia!¡Esuseia!







Agradecimientos:

- A todos aquellos que con su desprendimiento y sus oraciones compartieron con nosotros este Camino aún quedándose en casa.
- A Miguel Ángel, por dejarme ese Cuaderno del Peregrino de Jose Mª Alvear, que sirvió de guía espiritual para vivir este momento.
- A Edu, por ayudarnos a construir nuestros mapas de recuerdos gracias a la guía del peregrino del PEJ 2010
- A Gronze.com, sin su labor informativa nos habríamos perdido más de una vez y no hubiéramos podido admirar tanta belleza.


domingo, 25 de agosto de 2013

SEXTA ETAPA: PADRÓN-SANTIAG0 DE COMPOSTELA (24 KM.)


La familia al completo


CRÓNICA DE LA ETAPA:

¡Al fin! ¡Lo logramos!¡Hemos llegado a Santiago! Difícil describir el sentimiento y el pensamiento a lo largo de este día tan intenso.

Dejamos Padrón bien temprano en la mañana, las 7:00, el día que más pronto hemos empezado a caminar y tambíén el del recorrido más largo: 24 km.  Y aunque el perfil de la etapa era en ascenso suave hemos querido ser previsores.



Perfil de la etapa

El primer punto de interés: Iria Flavia, cuna de Camilo José Cela.  Aun clareaba el día cuado pasamos junto al cementerio y aunque hemos visto un olivo dentro, no sabemos si es donde reposan los restos del escritor.  Una cosa curiosa de todos los cementerios que hemos visto durante estos días: todos tienen los muros bajos y se puede ver su interior, signo del respeto que se tiene aquí para con los difuntos.  


Santuario da Escravitude
Hoy el trayecto ha sido, sobre todo, de asfalto. Aproximadamente a cinco kilómetros de Iria Flavia, nos encontramos, a pie de carretera, con el Santuario de A Escravitude.  El nombre de este santuario y de la localidad se debe, según la tradición, a que un peregrino enfermo bebió agua de la fuente que hay a los pies del mismo y sanó de su enfermedad, se liberó de la "esclavitud" de la misma.  Aquí nos ha ocurrido la anécdota del día, de la que extraigo una lección moral muy importante: la falta de señalización o, bien, nuestro despiste, ha hecho que nos desviáramos del itinerario un kilómetro y medio aproximadamente, misma distancia que hemos tenido que desandar para seguir por la ruta de peregrinos.  El caso es que, si hubiéramos seguido por allí, por la carretera, también hubiéramos llegado a Santiado, ahorrándonos unos cuantos kilómetros y llegando a tiempo a la Misa del Peregrino, pero como dijo mi hijo pequeño, a estas alturas no íbamos a hacer trampa.

Rúa de Francos, el cruceiro más antiguo de Galicia













Unos cinco kilómetros más adelante, alternado pista forestal y más N-550, llegamos hasta Rúa de Francos, donde se encuentra el cruceiro más antiguo de Galicia, ¡mira que hemos visto cruceiros a lo largo de estos siete días, a cada cual más bonito!





Otros seis kilómetros más, altenando pista forestal y asfalto, siempre ascendiendo pero de manera suave.  Cada vez nos quedaba menos para llegar.  A pesar de ser el día de mayor distancia, ha sido el más llevadero, seguro que por la ilusión de llegar.

Llegamos a O Milladoiro, donde en la Capilla de Santa María Magdalena nos han sellado las credenciales.  Dentro de la capilla, Maria Magdalena se encontraba reposando muy sugerente dentro de una urna.
 


Capilla de Santa María Magdalena (O Milladoiro)


Siete kilómetros para llegar a Santiago y el ánimo por las nubes, esa era la sensación.  En O Milladoiro nos alcanzaron Mari Carmen y Borja, a las que no veíamos desde el día anterior y decidimos emprender el resto del camino juntos.  De nuevo en marcha, más carretera, más pista forestal, las vías del AVE y, al fin, llegamos a los límites de la ciudad.  Momento interesante, conocido para todos los peregrinos que hacen el Camino Portugués: la cuesta del Hospital Clínico, en una palabra, "mortal".  La única solución: agachar la cabeza, sujetar firmemente el bastón y ¡hala! a subirla.  Mi marido y mis hijos, unos cracks, la subieron del tirón; nosotras, en tres intentos.



Una vez en lo alto, fue necesario un ratito para recuperar el aliento.  Ya se podía ver una de las torres de la Catedral, ¡qué ilusión! Otra vez, de nuevo en marcha, parecía que hasta las mochilas pesaban menos.  Entramos en la Avenida da Choupana, bien extensa ella; después en la de Rosalía de Castro, no menos larga.  La torre que se seguía viendo a lo lejos y no se acercaba.  Mi hijo Pablo, con todo el arte del mundo, no tuvo otra cosa que decir que aquello se parecía a la escena de El Retorno del Rey, cuando Frodo y Sam no terminan nunca de subir al Monte del Destino para destruir el Anillo.


Por fin entramos en el casco antiguo, lleno de gente por todos lados.  De pronto nos vimos sumergidos en una vorágine de peregrinos, turistas, comerciantes ofreciéndote catas de sus productos o tarjetas de sus restaurantes, era la Rúa do Franco.  Así, sin ver flecha o concha alguna, simplemente dejándonos llevar, como si supiéramos por donde ir, giramos a la izquierda...¡y estábamos en la Plaza del Obradoiro!



No puedo definir la sensación del momento, eran muchos sentimientos a la vez: alegría, pena, alivio, agobio, satisfacción, orgullo. Si pudiera aglutinarlos en una sola palabra, diría júbilo.  Seis días de mucho esfuerzo y verse ahí, en medio de esa plaza llena de gente, ante semejante belleza, cuatro peregrinos más entre cientos de peregrinos, es algo difícil de explicar, creo que sólo quien lo ha hecho sabe a lo que me refiero.

Alegría por llegar, alivio porque se acabó el duro esfuerzo de andar cargados hasta arriba, agobio de ver tantísima gente allí reunida, pena porque ya se acabó el Camino, satisfacción y orgullo por los frutos conseguidos.



Santiago de Compostela, Catedral
Una sorpresa: la Plaza del Obradoiro, por televisión, parece más grande; no es que sea pequeña, y más cuando todas las calles que confluyen a ella son estrechas, pero la imaginaba más amplia.  Frente a la Catedral, el Pazo de Raxoi, sede del Ayuntamiento y de la Xunta; a la izquierda, el Colegio de San Jerónimo, sede del Rectorado y a la derecha, el Hostal de los Reyes Católicos, actual Parador Nacional. Flanqueando la Catedral, a un lado el Pazo de Xelmirez y al otro, el Claustro.




Ayuntamiento, Plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela



Santiago de Compostela, Catedral
 
Santiago de Compostela, Catedral


Colegio de San Jerónimo, Plaza del Obradoiro


















Realmente, todo es una belleza, uno de los conjuntos monumentales más hermosos del mundo entero.  La Catedral, si espléndida por fuera, por dentro lo es todavía más.

Maestro Mateo
 

 
Santiago de Compostela, Catedral

 




No hemos podido cumplir con el ritual completo de llegada de todo peregrino.  El Pórtico de la Gloria está en fase de restauración, aparte de cerrado al público hay que pagar 12 euros para poderlo ver, dentro de una visita guiada por toda la Catedral, algo injusto para todos los peregrinos que han realizado un considerable esfuerzo físico durante varios días para llegar hasta aquí.  Así que ni hemos visto la rana ni el astronauta, ni hemos podido meter las manos en los aireadores para dejar nuestro cansancio, ni colocar nuestra palma en las huellas del parteluz para hermanarnos con los peregrinos habidos y por haber, ni darle los tres cabezazos a la imagen del Maestro Mateo, a ver si nos contagia algo de su sabiduría.

Todo estaba a rebosar de gente, tanta que agobiaba; cargados con las mochilas nos quedamos algo bloqueados, sin saber qué hacer, la cola para entrar a la cripta donde descansan los restos del Apóstol daba la vuelta a la Catedral, así como para subir al camarín, por lo que decidimos ir primero al albergue a soltar bultos y asearnos.

He aquí la única pega del día: el albergue, de nombre Acuario. Situado a la llegada del Camino Francés, es decir, en la otra punta, hubo que atravesar toda la ciudad para llegar, obviamente, no dábamos con él ni nadie era capaz de decirnos dónde quedaba.  Cuando conseguimos encontrarlo, descubrimos un espacio "flower power", con música ambiental estilo chill out y un intenso aroma a pies en el dormitorio, para no repetir.

Nos arreglamos más rápido que ningún día y bajamos al casco antiguo, esta vez, en autobús.  Una aventura, los chóferes parecen sacados de un rallye, si alguno entrara a trabajar en la EMT de Málaga, no sobreviviría al turno de las 8 de la mañana, saldría linchado.


Catedral de Santiago, Nave central
Ya en los alrededores de la Catedral fuimos a la Oficina del Peregrino a conseguir nuestras compostelas; tras confirmar que habíamos recorrido al menos 100 km. a pie por medio de nuestras credenciales, nos las otorgaron.  La cola para visitar la cripta y el camarín también estaba despejada, y así, tranquilamente pudimos ver la urna labrada en plata donde descansan los restos del Apóstol y sus dos discípulos, Atanasio y Teodoro. No me la imaginaba así. Después subimos a abrazar la imagen del santo, en un abrazo largo, profundo, de mi parte, de parte de todos los que, desde casa, nos encomendaron en sus oraciones para que tuviéramos buen camino. Un abrazo sentido, desde mi corazón y desde el corazón de toda mi comunidad parroquial.

Puerta Santa de la Catedral de Santiago
Celebramos misa, para dar gracias, la compartimos con Maribel y Gabi, el matrimonio de Alicante, maravillosos los dos.  Hermosas las palabras del deán, sobre todo en la bendición final, que cerraron como un círculo perfecto, todos los días de este peregrinar, desde el momento que decidimos ponernos en camino.  Aquí la emoción me embargó ya del todo, imposible parar de llorar, lágrimas de emoción, de felicidad, de gratitud.

Lo habíamos conseguido, y eso había que celebrarlo, así que al grupo se unieron de nuevo Mari Carmen y Borja, y nos fuímos de tapas por las calles.  Sencillamente, para repetir, buenos manjares en la mejor compañía.  Tras este homenaje, cada mochuelo a su albergue, a descansar, si se puede, son muchas emociones que canalizar.  Mañana disfrutaremos todo el día de la ciudad, en plan más calmado, celebraremos Misa del Peregrino, con la esperanza de ver el Botafumeiro en acción y pasado retornaremos para Málaga con una sensación de plenitud absoluta.



Catedral de Santiago, detalle interior
el descanso del peregrino

Plaza das Praterias

















 

REFLEXIÓN PERSONAL:

"Nada has pensando que no puedas hacer; nada has soñado imposible de ver, ni en el mar, ni en el cielo, nada está lejos de tí. Todo está en tu adentro, todo puedes hacerlo si te fías de Mí."

Este estribillo que solemos cantar en el momento de la acción de gracias me ha ido acompañando en los momentos más duros de nuestro primer Camino y ahora, al ver que el sueño se ha hecho realidad, resuena más nitidamente en mi interior, y me sugiere muchas cosas.

La primera, perseverancia.  En la vida hay que ser perseverante, sólo así, con nuestro esfuerzo se consiguen las cosas. ¡Y cómo se celebran cuando han costado tanto!  Así aprendemos a calcular el valor de las mismas.

La segunda, confianza.  En uno mismo, que se autodescubre más valiente de lo pensaba. También en Dios, que está detrás de todo, o mejor dicho, en nuestro interior.

La tercera, gratitud.  Yo, hoy, doy las gracias a Dios por haber llegado, cansados pero en perfectas condiciones, una minúcula piedra en el camino puede dar al traste con todo, o una tendinitis o unas ampollas infectadas, y no ha sido así.  Doy las gracias por esos amigos que han estado ahí y nos han dejado mochilas y sacos que no teníamos para poder realizar este sueño.  Doy las gracias porque todos los meses entra un sueldo en casa, modesto pero sueldo al fin y al cabo, ya que es cierto que aún planeando el Camino de la forma más económica posible hay un gasto inevitable que hay que cubrir.  Y sobre todo doy gracias por todos aquellos, familia, amigos, comunidad parroquial que sé que han estado acordándose de nosotros durante estos días y con los que espero algún día repetir este peregrinaje.

La cuarta y última, honestidad.  ¿Cuántas veces en la vida cogemos el camino fácil para obtener resultados y ahorrarnos esfuerzo o sufrimiento?  Si esta mañana, cuando nos equivocamos de ruta, hubiéramos seguido hasta llegar a Santiago, lo habríamos conseguido pero no sería lo mismo.  Uno de los placeres personales más grandes es saber que uno ha hecho las cosas como es debido.


Ahora sólo queda disfrutar un poco más, volver a casa y dejar que el Camino siga haciendo dentro de cada uno de nosotros.









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